La prueba del algodón

2017, 13 de junio. La Voz del Sur.
Las buenas noticias hay que cuidarlas y arroparlas. Hay que mimarlas como una planta que florece. Porque de eso se trata. En estos tiempos de incertidumbre y de peligros para las libertades que aparezca una nueva cabecera, un nuevo diario digital en Cádiz, es todo un acontecimiento. Y es un honor para el que escribe poder participar del mismo, aunque sea muy modestamente.
Ciertamente las libertades de información y expresión forman parte troncal de la arquitectura de derechos que establece nuestra Constitución. Y sin duda un nuevo proyecto periodístico como el que hoy principia, es una muy buena noticia que fortalece la pluralidad en nuestra provincia y la calidad de nuestro sistema democrático
No es difícil que podamos acordar que son muchos los nubarrones que se ciernen sobre los derechos humanos en nuestro país. Y particularmente sobre algunos fundamentales, cuyo cumplimento viene a ser como la prueba del algodón de la calidad del sistema democrático, como las libertades de información y expresión, acosadas y amenazadas desde muchos ángulos.
Libertad de información amenazada por la propiedad concentrada de los medios en manos poco trasparentes y menos democráticas, que apuestan claramente contra los cambios sociales necesarios en nuestro país y apoyan sin reservas las opciones políticas más conservadoras e incluso reaccionarias en lo social y en lo moral.
Libertad de información amenazada por la cada vez mayor dependencia de las subvenciones estatales y la publicidad estatal y privada. Los grandes medios se deben cada vez menos a sus lectores y crecen exponencialmente las dependencias políticas o empresariales.
Libertad de información amenazada por la enorme situación de precariedad e inestabilidad entre los trabajadores y trabajadoras, entre los buenos profesionales del sector, que pierden capacidad de independencia respecto a las direcciones de los periódicos. Se trata de una gravísima situación que lastra de forma seria la viabilidad de una información libre e independiente.
Libertad de información lastrada y en correlato libertad de expresión acorralada y constreñida.
Nunca fue la cabal libertad de expresión un plato a gusto de quienes se sienten dueños de vidas y haciendas. Resulta incómoda para políticos, poderosos y vigilantes de la moral y costumbres.
Aquél “Tanta opinión y tanto Twitter”, expresaba bien esta forma de entender la democracia, en la que la libertad de expresión molesta, la participación de la gente sobra y los pobres deben estar calladitos, pues para eso se les administra caridad.
Pero la libertad de expresión, al igual que la de información, constituye un derecho fundamental, cimiento de la modernidad y pilar del sistema democrático, que difícilmente puede subsistir sin ese derecho a expresar libremente ideas y opiniones.
La libertad de expresión no se refiere tan sólo a cuestiones sobre las que existe consenso social o que no molestan o son de escaso interés. Por el contrario, su ejercicio es tanto más precioso cuando se convierte en crítica de lo establecido, se refiere a cuestiones que molestan, perturban, incluso si chocan con gobiernos o con determinados segmentos de la población, a los que seguramente no gustarán.
La libertad de expresión es así enemiga de la ley del embudo, ancha para unos y delgadísima para otros, sea quien sea quien se encuentre a uno u otro lado del mismo. Un tema que la gente progresista y de izquierdas en ocasiones no hemos tenido suficientemente clarificado y sobre el que me gustaría volver en otra ocasión con más detenimiento.
La Ley Mordaza, el mejor ejemplo de la deriva antidemocrática y autoritaria del Partido Popular, ha supuesto uno de los ataques más formidables contras las libertades de información y expresión; esperemos que acabe lo antes posible a la papelera. Pero. Creo que es fácil que convengamos que se trataba en realidad de una política de tolerancia cero con los movimientos sociales a los que se nos quiere criminalizar como sea, hundirnos a multas, callarnos a base de amenazas. Y, al tiempo, restringir y limitar la disidencia política. Se trataba en suma de garantizar un restrictivo “orden público” cuyo fin es claro: evitar la contestación social a las devastadoras políticas de recortes y austeridad para proteger a los que se benefician de ellas y amordazar a quienes las contestamos radicalmente.
La libertad de expresión (y por tanto de manifestación y reunión) es tan poderosa como fundamento del sistema democrático, que los recortes que ha sufrido entre legislaciones restrictivas y juzgados politizados, ya han conseguido [junto a otros factores que ahora no vienen al caso] uno de sus objetivos: una mayor desmovilización y apatía social.
Así pues, en estos tiempos turbulentos de pocas certezas y muchos nubarrones, saludemos alborozados este nuevo diario digital. Será seguro un lugar desde donde practicar libertades de expresión e información de forma intransigente. Y con ello fortalecer cabalmente la democracia y los derechos humanos
Pues eso, libertad dibujada en grandes caracteres por las paredes, pero -si se permite- libertad con un pellizco de ira y un punto de indignación.

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