A favor de los derrotados

2000, 11 de julio. Miles de andaluces tuvieron que emigrar en los años 60 y 70. Millones de personas intentando buscar un futuro mejor que este país no le ofrecía. Nunca fueron noticia de primera página ni nos asaltaban todos los días desde los telediarios.
Los andaluces sufrimos la emigración. Y todavía hoy son miles y miles los que añoran desde lejos los olivos, las playas o la gente de esta que sigue siendo su tierra.
Las primeras páginas las ocupan hoy niños, mujeres y hombres, de ojos grandes que destacan en su tez oscura y nos miran interrogándonos sin comprender bien cual fue su delito.
No comprenden que les ha pasado. Y mientras esperan resignados su suerte, nunca sabrán probablemente que su mirada limpia va a ser utilizada por un gobierno sin escrúpulos que intenta demostrar a toda costa que él forma parte de la avalancha, de la oleada de inmigrantes que nos invade.
Seguramente nunca llegará a saber que el gobierno intentará que su foto se publique junto a palabras terribles como mafia, narcotráfico e, incluso, terrorismo.
¿Qué sabrá ese pobre inmigrante de tez oscura en la que destacan grandes ojos derrotados y mirada limpia.?
El, o ella, sólo buscaba un futuro digno. Y encontró a la guardia civil, la comisaría y la expulsión sin contemplaciones.
Se encontró un gobierno inhumano capaz de mentir y utilizarle con descaro, con alevosía, con premeditación y nocturnidad, que es de noche cuando llegan las pateras. Un gobierno capaz de todo para convencer a la opinión pública de que es preciso cambiar la ley, aunque sea violando los derechos mas elementales de las personas. Dice la Declaración Universal que “todos los seres humanos nacen libres e iguales” pero el gobierno la ha corregido y ha dictaminado con toda su prepotencia de mayoría absoluta que “todos los seres humanos nacen libres e iguales,… menos los inmigrantes”
Y quiere convertirlos, aún más, en personas de tercera o cuarta categoría, en mano de obra barata y clandestina para regocijo de empresarios sin escrúpulos. Y pretende que el Estrecho se convierta en el foso de la muralla de Europa donde vienen a caer cuantos intentan atravesarlo. Y, a pesar de todas sus cínicas protestas, permite que las mafias -que no son sino comerciantes avispados- sigan haciendo su agosto.
Dicen que eso es racismo institucional. Y tienen razón. La pena es que las consecuencias las pagan ellos, los otros, los inmigrantes que nos interrogan desde la foto. Y, al final, las pagamos todos que veremos ascender el racismo en una sociedad degradada que permitirá impasible más Ejidos y más Alicantes.
El gobierno cambiará la ley si la famosa sociedad civil no lo impedimos. Podríamos hacerlo si de verdad nos pusiéramos a ello. Porque somos mas la gente solidaria y de corazón abierto.
De lo contrario, ese inmigrante de ojos límpidos, hoy ya sujeto de exclusión, avanzará sin remedio hacia la moderna esclavitud que preparan para él gobiernos democráticos de mayorías absolutas.

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