Siria, duele el alma

2018, 2 de mayo. Publicado en Viva Conil

Iba a escribir sobre el máster de Cifuentes, que es lo mismo que escribir sobre el cenagal del PP que borbotea podredumbre por todos lados. También tenía pulsiones de escribir sobre el desmoronamiento de los derechos, y de la propia democracia, desmantelada a golpe de corrupción y en el BOE por quienes nos gobiernan.

Sin embargo, las noticias duran en estos tiempos fugaces lo que dura un espasmo y pasarán. Si algo cambia y la ciudadanía lo permitimos será más bien un recambio por un partido -Cs- que va a permitir que continúe gobernando el mismo grupo criminal (un juez dixit) que gobierna Madrid para escarnio y duelo de muchos madrileños.  Es todo tan fugaz, que fue casi ayer cuando los repartidores de la muerte bombardearon Siria… y ya Siria, de nuevo, salió de páginas y titulares. Pero ¡ay! a mi sin embargo Siria me sigue doliendo en el alma.

Fue hace 7 años, por marzo de 2011, cuando, al igual que en otros países árabes, miles de sirios salen a la calle pidiendo democracia y derechos, pidiendo libertad. Y se organizan para ello civil y pacíficamente por barrios y ciudades. Pero aquella protesta pacífica fue reprimida a sangre y fuego por un régimen (el Baaz nunca fue lo que pudo haber sido) que en ningún caso iba a escuchar a su pueblo y menos arriesgarse a perder el poder como le pasó a Ben Alí en Túnez.

Y de ahí a una de las más cruentas guerras del siglo XXI con millones de desplazados y refugiados, el crecimiento del ISIS de su fanatismo y del terrorismo yihadista, la intervención de todas las potencias regionales o mundiales en el conflicto, la rebelión de los kurdos… y muertos muchos muertos. La ONU estima en torno a 400.000 las personas muertas en estos 7 años de guerra. El número de refugiados sirios ha superado ya la cifra de cinco millones (un cuarto de la población del país) y en torno a 6,5 millones de desplazados internos. 8 de cada 10 niños sirios según Unicef necesitan ayuda humanitaria.

El ataque de EE.UU.-Inglaterra-Francia del pasado 14 de abril, según muchos analistas, pertenece no tanto al inicio de una escalada, que confrontaría necesariamente con Rusia, sino que más bien es en parte pura retórica para marcar posiciones en el futuro que se avecina.

Sin embargo, no es la primera vez. Los ataques aéreos de EE.UU. en Siria -en muchos casos con numerosas víctimas civiles- se han multiplicado estos 7 años. Además EE.UU. mantiene un contingente de 2.000 soldados en la parte de territorio kurdo apoyando a las fuerzas kurdas del YPG.

Un territorio, el de los kurdos, ahora atacado por Turquía, cuya intervención en el conflicto ha sido errática, pero siempre a favor de sus intereses como el resto de los actores en el conflicto, aunque en ocasiones para ello haya tenido que hacer la vista gorda con los terroristas de ISIS.

Pero bombardear ha bombardeado también Rusia, particularmente en Alepo y en otras ciudades sometidas a asedio, provocando incontables víctimas. Rusia mantiene una base en Tartus, en la costa siria y también tiene soldados desplegados sobre el terreno ayudando al régimen de Bachard el Asad. Del mismo modo que Irán, con miles de “guardianes de la revolución” sobre el terreno, e incluso Hezbolá desde Líbano.

Arabia Saudi y Qatar también están interviniendo sobre todo con el apoyo a grupos islamistas fundamentalistas; e incluso, pese a la retórica, apoyando más o menos subrepticiamente al ISIS. ISIS-Daesh, un grupo cuyos orígenes se encuentran en Irak tras la invasión de los USA y que, aunque ha sido expulsado ya de muchas partes del territorio sirio, sigue siendo una grave amenaza terrorista de alcance mundial.

Siria se ha convertido en un gran campo de experimentación y de confrontación entre potencias, en el que cada cual va a lo suyo, coexistiendo todo con un régimen cruel e inhumano que no tiene ningún escrúpulo para masacrar a su propio pueblo.

Quienes pierden son los de siempre, la gente del pueblo, que ya carece de voz que los represente, que muere o malvive en condiciones infrahumanas o tiene que huir del genocidio a que lo están sometiendo unos y otros.

Una parte de la izquierda occidental tiene una gran responsabilidad en mantenerse ciega ante este genocidio que no se puede interpretar en clave bipolar, en clave de buenos (el régimen de Bashar el Asad y sus aliados Rusia e Irán) y malos (Arabia, Turquía y EE.UU. y sus aliados).

Lo que nos queda a las gentes de izquierda, por el contrario, es ponernos  del lado de las víctimas, exigir que pare la masacre y se proteja a la gente, exigir que los hipócritas países occidentales acojan a los refugiados y establezcan vías seguras para ello… y, claro, denunciar a los victimarios, sean estos del color que sean, se llamen Rusia o EE.UU., Arabia Saudí o Irán, ISIS, grupos armados o Turquía y, por supuesto, sin condescendencia ninguna con el régimen criminal de Bashar el Asad.

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