Juzgarán nuestra vergüenza

2016, 21 de marzo. Viva Conil.
La firma del acuerdo entre la UE y Turquía para la deportación de miles de refugiados es ciertamente una voladura incontrolada de buena parte de la arquitectura internacional de protección de los derechos humanos, en especial de la Convención de Ginebra.
Turquía aceptará a esas miles de personas desesperadas, sin garantizar su dignidad, en un despreciable mercadeo de seres humanos a cambio de miles de millones euros y de que la UE mire hacia otro lado respecto a la masacre del pueblo kurdo o respecto a los beneficios que el estado turco obtiene de sus inconfesables tratos con el Estado Islámico o más en general en relación a sus incontables y sistemáticas violaciones de derechos humanos.
La Unión Europea naufraga en el lodo de la ignominia. El trato que se está dando a inmigrantes y refugiados es la mecha de otra voladura, la del propio espacio de derecho, de paz y solidaridad que aspirábamos a construir. Voladura del tratado de Schengen que va a acabar con la libertad de circulación europea. Vergonzosas cesiones hechas a Gran Bretaña para evitar el famoso Brexit. Deriva autoritaria y xenófoba de numerosos países del Este europeo. Peligroso crecimiento de la ultraderecha en buena parte de los países europeos, incluso en la cuna del nazismo… Alambradas, concertinas, muros, detenciones y expulsiones masivas como en los peores tiempos de aquella vieja Europa que creíamos pretérita.
De nuevo Europa muestra su peor cara a las personas que huyen de la guerra y la persecución. Ya lo hicieron en 1938, cuando los países reunidos en la Conferencia de Evián no aceptaron la acogida de los judíos que huían de la persecución nazi desde Austria y Alemania. El propio gobierno de Hitler comentó tras el fracaso de la Conferencia que era asombroso que criticaran la discriminación en Alemania al tiempo que ninguno de los países europeos quisiera acoger a los judíos.
No ha sido hasta octubre de 2015 cuando Francia ha reconocido por primera vez de manera pública y oficial el trato inhumano a los cientos de miles de refugiados españoles que huían de Franco en 1939 al acabar la guerra civil. En los campos de concentración construidos al sur de Francia, como el de Rivesaltes, fueron encerrados decenas de miles de refugiados españoles, tratados como animales y muchos de ellos enviados a los campos de concentración nazis, de los que la mayoría no volvió.
Al igual que hoy los países cercanos a Siria acogen millones de personas que huyen de la guerra (en Líbano hay tantos refugiados como un cuarto de su población), dejando en la más descarnada evidencia a la rica Europa, en 1939 México y otros países latinoamericanos, en mucha peor situación económica que los europeos, acogieron generosamente a decenas de miles de refugiados españoles.
Regresa la Europa de Evián y Rivesaltes. Regresa la Europa miedosa, insolidaria y egoísta. La Europa inhumana que condena a miles de personas al sufrimiento y a la muerte.
Nos causa pavor y nos avergüenza esta Europa. En el futuro juzgaran esta ignominia y nuestra vergüenza también será juzgada si permitimos impasibles que conviertan a Europa en un desierto de derechos al servicio tan sólo de siniestros mercaderes.

 

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