La política migratoria europea hace aguas, pero son aguas que ahogan

2015, 3 de agosto. Blog APDHA Cádiz.
Asistimos estos días estupefactos a otra muestra más de la incapacidad europea para gestionar las migraciones. Incapacidad impregnada de miedos infundados, xenofobia que se pretende disimular y una manifiesta indiferencia hacia el sufrimiento ajeno cuando no de evidente crueldad hacia las personas que intentan llegar a Europa
Europa se enroca en sus miedos y construye muros cada vez más altos, alambradas y concertinas, ejércitos y perros policía. Alguien con acierto habló de la Europa fortaleza y describió lo que está pasando como una auténtica guerra contra los inmigrantes.
Es difícil describir sin estremecerse lo que está pasando en Calais en Francia, donde miles de inmigrantes viven en condiciones infrahumanas en un campamento que han llamado expresivamente “La Jungla”. Un informe de ACNUR denunció en marzo las pésimas condiciones de vida en “La Jungla”: 30 grifos de agua potable para cerca de 3.000 personas, 60 duchas, 20 sanitarios, alimentación escasa y atención médica insuficiente”
Son ya 9 las personas que han muerto intentando llegar a Inglaterra a través del Túnel de la Mancha. La reacción de Francia y Gran Bretaña nos avergüenza a todos los que creíamos en una Europa de los derechos humanos. Hemos visto la instalación de las temibles concertinas que ya experimentamos en Ceuta y Melilla. Hemos visto perros policía, despliegue del ejército, actuaciones policiales de una represión inusitada. Guerra contra personas inmigrantes que sólo buscan un futuro de dignidad. Que tienen derecho a buscar un futuro con dignidad.
El Ministro de Justicia sueco ha sido bien explícito en poner blanco sobre negro la crítica al gobierno cada vez más xenófobo de Cameron. Un gobierno que ha dinamitado el tímido acuerdo sobre acogida de refugiados (¡refugiados!) que proponía la UE. Pero un gobierno que por contra sí que ha intentado, junto con España, poner en marcha la nueva política de las cañoneras, para destruir los barcos que transportan inmigrantes.
Sí, porque en el canal de Sicilia siguen muriendo personas dado lo limitado de los recursos de salvamento puestos en marcha por la UE. Más de 40 personas murieron ahogadas el pasado jueves 22 de julio cerca de las costas de Libia cuando naufragó el barco que los llevaba a las costas italianas. Se llega ya en este año a las dos mil muertes inocentes.
En este contexto la muerte de una persona dentro de una maleta cuando intentaba llegar a Melilla en un Ferry este pasado domingo, puede parecer anecdótica, pero no lo es. Es un símbolo de los extremos a que tienen que llegar por esa política de rechazo personas que podrían venir en un Ferry por 40 euros sin riesgo de su vida.
Coincide por desgracia con la muerte de cuatro personas subsaharianas cuando intentaban llegar a nado a Ceuta por la frontera de Benzú. Cuando se escriben estas líneas todavía se busca una patera con once personas que podría incrementar el número de fallecidos.
Está ocurriendo justo a nuestro lado, a las puertas de nuestras casas, entre la indiferencia de la mayoría y la crueldad de quienes nos gobiernan. Ya lo dijo el Papa que de estas cosas debe saber más que nosotros: ¡es una vergüenza! Es la tragedia con la que convivimos sin inmutarnos demasiado de las tropelías de los gobiernos. Es el drama de la guerra desatada contra los pobres. Pero en realidad es el naufragio de Europa. Un naufragio de valores, crisis de identidad, vaciamiento de palabras como solidaridad o acogida… me da vergüenza ser europeo.

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