2000, 4 de enero. Por un momento la tecnología se alió con los más pobres y nos dio la señal de alarma: el efecto 2.000 era en realidad soledad, miseria y olvido para quienes no se despiertan con el zumbido del despertador programado, el aroma de la tostadora y el café programado o el calor de los termostatos programados.
