Ante las estupideces de la extrema derecha fascista, uno tiende a pasar. Al fin y al cabo, se digan las razones que se digan —por más fundamentadas que estén—, no les van a hacer ni pajolero caso. Pero visto lo visto en Trumplandia y otros países de corte ultraderechista, mejor responder con argumentos a la propuesta de Vox, tan irreal como dañina, de expulsar a 8 millones de inmigrantes.

Lo primero, más allá de las consecuencias humanas y morales que supondría ese proceso de expulsión masiva, es que simplemente es falso. No hay ocho millones de inmigrantes en España. Según los datos del Ministerio de Inclusión a 31 de marzo de 2025, había un total de 7.286.018 personas con autorización de residencia en vigor. De ellas, 3.770.958 son ciudadanos de la UE con certificado de registro y otros 216.359 son ciudadanos británicos con TIE (acuerdo post-Brexit).

Es decir, si hablamos de personas procedentes de países no comunitarios —a quienes comúnmente se identifica como inmigrantes—, solo 3.299.701 disponen de autorización de residencia en España.

Si nos referimos a personas extranjeras que han accedido a la nacionalidad —es decir, que ya son españoles—, han sido 935.418 en los últimos cinco años.

Vox maneja un dato falso: no existen 8 millones de migrantes “expulsables”. La cifra es un bulo, y además sumamente peligroso: una estrategia de desinformación que busca sembrar miedo y odio.

Peligroso, porque va acompañado de la idea de un supuesto “derecho a la identidad española” que, según ellos, se está diluyendo por culpa de la inmigración. Pero esa identidad nacional-católica que evocan no existe. A Vox —y tal vez al PP— le gustaría forzar su existencia. Pero no existe ni nunca ha existido.

Si se pudiera hablar de una “identidad española”, quizás lo que la caracterizaría sería precisamente la diversidad:

  • Diversidad de las diferentes naciones y regiones que la componen.
  • Diversidad histórica, fruto de la agregación de muchas culturas.
  • Diversidad de origen y de experiencias vitales.

Diversidad, esa es la palabra que podría acompañar en su caso al “ser español”.

También es peligroso porque sería inmoral, inhumano y vulneraría gravemente la Constitución Española y el derecho internacional. Particularmente ilegal es proponer expulsar a personas que ya han adquirido la nacionalidad española. En nuestro país, se es español si se tiene DNI. Decir lo contrario es cargarse directamente la Constitución y atacar bochornosamente los derechos y la dignidad de esas personas.

La Constitución Española, los tratados europeos y las convenciones internacionales prohíben expresamente las expulsiones colectivas. Una medida así no solo sería inconstitucional, sino que colocaría a España al margen del derecho internacional. Pero claro, a Vox —como a Netanyahu— le importa un bledo el derecho y los derechos.

Y junto a todo ello, es absolutamente imposible de realizar. No, no se pueden expulsar 8 millones de personas. No solo porque sería una operación técnica y económicamente inviable, sino porque provocaría un colapso demográfico y económico catastrófico.

Los migrantes, lejos de ser una carga como dice Vox, son un pilar básico de nuestra economía. Según el Banco de España, aportan más en impuestos de lo que reciben en servicios. Representan más del 15% de la fuerza laboral en sectores clave: agricultura, construcción, cuidados, hostelería. Sin migración, la población activa caería en picado por el envejecimiento demográfico.

Además, las personas migrantes son esenciales en servicios públicos como la sanidad, donde más del 20% del personal médico y de enfermería joven es de origen extranjero. También en cuidados y residencias, más del 40% del personal es migrante.

En suma, el disparate de expulsar a 8 millones de personas supondría una catástrofe económica y social, y colapsaría servicios básicos.

La propuesta de expulsar a millones de migrantes no es solo inviable: es una irresponsabilidad política, económica y moral. Frente al ruido, los datos. Frente al odio, la convivencia. Frente al miedo, la verdad.