Las reglas, los consensos, los acuerdos internacionales que son leyes, la autoridad de los tribunales, las instituciones que mal que bien intentaban regular el funcionamiento más o menos pacífico de las relaciones siempre conflictivas entre países y potencias… todo eso está en cuestión y se está desmoronando a nuestros ojos.
La impunidad absoluta en el genocidio del pueblo palestino por parte del gobierno sionista de Israel ha acabado con las reglas de derecho internacional hasta proporciones nunca vistas ante la complacencia y el apoyo del llamado “occidente” con EE.UU. a la cabeza. Con ello se está destruyendo cualquier atisbo de humanidad en las relaciones entre los pueblos y ha generado un nuevo paradigma, la ley del más fuerte.
La invasión criminal de Ucrania por parte de la Rusia de Putin, que ha generado una guerra que dura ya mas de tras años y ha generado cientos de miles de muertos en ambos bandos y el desplazamiento de millones de ucranianos.
El otro factor y el que está terminando de ponernos en una situación extremadamente peligrosa son las medidas que está tomando un desatado Trump tras su llegada a la Casa Blanca. Su política de aranceles que parecen una locura para un mundo gobernado por unas relaciones de libre comercio a través de la OMC (otra institución desmantelada), tiene una lógica, superar la dependencia de capitales para soportar su deuda y trabajar por una especie de autarquía imperfecta.
Para tener éxito en la reindustrialización de EE.UU., Trump como otros predecesores ha de acudir a una política imperialista expansionista: los amenazas de anexionarse Canadá, Panamá o Groenlandia no son simples butades: es la consecuencia lógica de sus políticas proteccionistas.
Y su llegada ha envalentonado a la extrema derecha en todo el mundo, sobre todo en Europa, cuestionando como en los años 30 los valores y la propia democracia en un intento de caminar hacia estados fuertemente autoritarios, como los son cada más -por poner sólo unos ejemplos- Hungría, Rusia, Turquía, Irán, China, Argentina y, claro, Israel, aparte los propios EE.UU.
Por este lado del mundo, en una Europa que se enfrenta a enormes marejadas, las reacciones están siendo desnortadas. Es verdad que las dudas sobre el papel de EE.UU. en la OTAN como socio fiable, están poniendo en cuestión a la propia OTAN, que puede quedar superada. Y los dirigentes europeos han iniciado una extraña huida hacia adelante con un plan de rearme suicida, que sólo puede resquebrajar nuestro Estado del Bienestar y aumentar los peligros de que se desate una guerra, cuyos tambores empiezan a sonar
No dudan en ese plan desquiciado incluso a acudir a la consabida propaganda de miedo entre la población (el ridículo si no fuera trágico, kit de supervivencia) que justifique plenamente sacarnos a todos los europeos ingentes cantidades de dinero destinado a las armas que engrosaran los beneficios indecentes de las empresas armamentísticas.
“No hay alternativa”, repetía como un mantra Margaret Teacher en los años ochenta. Y ahora repiten como papagayos lo mismo. Pero SI hay alternativas. Necesitamos otra Europa, mas social, mas segura, más capaz de articular sus activos de hoy, ejércitos nacionales que en común suman mucho más que los de cualquier otra potencia mundial, excepto EE.UU. Una Europa capaz de caminar jujta sobre los valores sobre las que se fundó: democracia, paz, estado social, libertad.
Esa es nuestra fortaleza, claro que para hacerla efectiva Europa tiene que romper con viejos clichés horrendos como su criminal política migratoria o no menos criminal apoyo a Israel, que dan miedo y se alejan de lo que debería ser verdaderamente esa Europa que queremos y por la que la trabajamos. Habrá sin duda que acudir de nuevo a la movilización ciudadana, sacar a la calle de nuevo y masivamente el no al rearme, el no a la guerra, ante unos dirigentes desnortados y supeditados a veces a intereses inconfesables.