Leído por Luisa Cortés, secretaria delegación de Cádiz de la APDHA
Gracias, amigos y amigas, por asistir a este acto que organizamos la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía para conmemorar el 76 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
En efecto, hoy es el Día Internacional de los Derechos Humanos y sin embargo por desgracia el panorama no puede ser más oscuro
Vemos con preocupación como nos rodean injusticias y barbaries nuevas o ya conocidas. La continuación del genocidio en Palestina por más de un año, la mayor incidencia de fenómenos climáticos extremos evidenciada por el desastre de la DANA en Valencia y el auge de la extrema derecha, reforzada por la elección de Donald Trump, no son fenómenos aislados: todos ellos ponen en relieve la crisis profunda de un sistema capitalista depredador, cada vez más cansado e incierto y menos capaz de prometer ningún futuro.
Vemos con terror como se extienden las guerras que están matando a miles de personas en todo el mundo.
Entre ellas la guerra de Ucrania tras la invasión criminal de Putin con miles de muertos y millones de refugiados y desplazados. Y que además está alimentando un galopante militarismo y la expansión de alianzas siniestras como la OTAN.
Poca gente se acuerda de otros conflictos como los del Congo o Sudan del Sur, sin duda relacionados con un pasado colonial y un presente neocolonialista. Y muchos otros conflictos olvidados que evidencian la ambición de las élites por acceder a los recursos: tierra, agua, minerales, combustible.
Acabamos de ver casi en directo como cae el régimen sanguinario de Al Asad, un sátrapa profundamente antidemocrático y sin escrúpulos. Pero no podemos dejar de preocuparnos por el desarrollo previsiblemente infausto del porvenir de Siria, por las presiones de los diversos imperialismos y por el control mayoritario de las fuerzas islamistas.
Siempre pierde la gente. Siempre lo padecen los pueblos.
Y claro, como no resaltar la terrible guerra de aniquilación de nuestros hermanos del pueblo palestino, un verdadero genocidio a manos de un gobierno sionista y ultraderechista criminal. Que se ha extendido al Líbano y amenaza toda la región. Y eso con el apoyo más o menos activo de buena parta de los países occidentales, lo que nos lleva de vergüenza e indignación a todos y a todas.
Con el odio por bandera Trump ha convencido a 72 millones de personas. Un odio que se pasea a lomos de la xenofobia furibunda, de la misoginia desatada, del racismo más hiriente. Y se alimenta de mentiras y bulos que cualquier persona de sentido común considerarían un insulto.
Sus consecuencias son la fractura de la sociedad, el crecimiento del autoritarismo, el debilitamiento de la democracia y el peligro de la extensión de la violencia sin control. Y da miedo.
El triunfo de Trump es una desgracia para la humanidad. La ola reaccionaria y antisistema se hace con el país más poderoso del planeta y desde ahí se apoyarán todas las políticas ultras en el conjunto del planeta. Por eso, en Europa todas las ultraderechas han celebrado su triunfo con júbilo, se sienten más legitimadas y respaldadas. Son los mismos que apoyan a Putin o a Netanyahu.
Los avances de los neofascismos de ultraderecha en todo el mundo o la impunidad criminal de Israel están resquebrajando quizás de forma irreversible toda la arquitectura internacional de protección de la humanidad y de sus derechos humanos que costó años y luchas levantar. Porque toda esa gente, sus ideas, sus acciones y sus guerras son como decíamos un verdadero peligro para la humanidad
Están en peligro muchos de los derechos que creíamos consolidados cuya fractura afectará particularmente a la gente trabajadora, a las más vulnerables y a las mujeres y a todas las personas diferentes.
Es una realidad que produce espanto, una realidad en todo el planeta que nos preocupa y atemoriza. Pero ante la que no podemos permanecer en silencio y mucho menos indiferentes. Hay que actuar, hay que activarse y defender con uñas y dientes la democracia, la libertad y los derechos humanos. El camino es hacerles frente, movilizarse y construir unidad desde la fraternidad y sororidad. El Día Internacional de los Derechos Humanos es el día más adecuado para conjurarnos para ello. Y desde la APDHA os llamamos para hacerlo