Hace ahora 13 años el movimiento 15M atronaba las calles de preguntas y cambiaba radicalmente la política en España. Quizás la más impactante de aquellas preguntas es la que nos cuestionaba sobre la calidad de nuestra democracia. “Le llaman democracia y no lo es” impugnaba de forma directa, sin circunloquios, si el sistema democrático que habíamos construido tras la muerte de Franco lo era realmente; o por el contrario estaba lleno de agujeros, sombras y fracturas
Cambiaron las cosas desde aquel 2011 quizás no para bien. Pero las preguntas siguen atronando. Hace unos meses salían en tromba los partidos que más han sustentado lo que llaman el Régimen del 78 o el bipartidismo, a poner a caldo a un ministro de Unidas Podemos que se había atrevido a cuestionar que en España estuviéramos en una democracia plena.
Uno como no es sanchólogo, pues no sabe que pasó por la cabeza del presidente del Gobierno cuando nos dijo tras reflexionar cinco días que había que regenerar la democracia. Y que para ello hacía falta un punto y aparte. No creo que se cayese del caballo como San Pablo, porque nuestras evidentes carencias democráticas eran obvias para mucha gente. Pero en realidad fuese luz milagrosa o asunción de una realidad que no se quería asumir, lo cierto es que estamos, debemos estar, en una nueva etapa. Un punto y aparte.
Un punto y aparte para que la democracia entre y abra las ventanas de ese oscuro, opaco y cavernícola mundo judicial. Romper las inútiles negociaciones con el PP y ponerse manos a la obra para retirar a los okupas del Consejo del Poder Judicial de forma urgente, sin complejos ni temores a los ladridos de la ultraderecha y la derecha ultra, que de todas formas van a darlos. Y hace falta cambiar la forma del nombramiento de altos cargos judiciales para evitar la instrumentalización por poderes no democráticos. Igual que repensarse el acceso a la carrera judicial, pues este sistema favorece el acceso tan sólo a los que tienen medios suficientes para permitírselo. O sea, los de siempre
Porque el poder judicial se ha convertido hoy uno de los principales problemas para nuestra democracia.
Un punto y aparte para que la democracia barra a tantos pseudomedios, panfletos digitales dedicados a esparcir inventar bulos y esparcir fango, para que luego sea usado por los políticos de la derecha ultra y la ultraderecha y al fin planteado ante los jueces cómplices en una descarada lawfare.
Respetando por supuesto la libertad de información y de expresión. Pero impidiendo que esos panfletos sean además pagados con dinero de todos y todas por administraciones del PP.
Como no, un punto y aparte legislativo que cambie toda la regularización de los secretos oficiales y salgan a la luz tantas tropelías ocultas. O que sin más dudas proceda a derogar una ley mordaza que cinco años de gobierno Progresista no se ha atrevido a acometer no sabemos si por temor reverente al poder policial. Poder donde es preciso también poner coto a los abusos y arbitrariedades que siempre quedan impunes.
Un punto y parte en la agenda social, abandonando las medias tintas o las medidas incompletas que no llegan a donde deben llegar ni, pese a sus avances, terminan de resolver la situación a millones de personas en situación de vulnerabilidad: resolver el caos que hace inútil el Ingreso Mínimo vital; reducir la jornada de trabajo sin pérdida salarial; como decíamos este 1º mayo, trabajar menos vivir mejor; acometer con valentía uno de los grandes problemas sociales, la vivienda; y tantas otras que se han convertido en imprescindibles para la gente trabajadora y para quienes malviven con lo que pueden. No más dilaciones, no mas componendas. Punto y aparte.